sábado, 23 de enero de 2016

¿Por qué un día más cada 4 años?


Cada cuatro años se añade un día más al mes de febrero para ajustar y equilibrar el año cronológico con el año trópico. Los años bisiestos ayudan a que el calendario anual se mantenga según sus estaciones.

La Tierra tarda 365.256 días en completar una vuelta alrededor del Sol. Para lograr sincronizar año solar con año cronológico, cada 4 años el año pasa a tener 366 días en vez de 365, de este modo las estaciones no se confunden, y por ejemplo, el inicio de la primavera, puede seguir siendo el 21 de marzo. Sin años bisiestos cada 12 años los calendarios se desfasarían 3 días.  

En el calendario juliano, los años bisiestos son aquellos cuyas dos últimas cifras son divisibles por 4 (2016/4= 504), Si bien lo más común es que cada cuatro años exista un año bisiesto, esto no se da en todos los casos. Si un año bisiesto considerado de fin de siglo puede dividirse por 100 pero no por 400 pierde esa condición. Los años 1700, 1800 y 1900 no fueron considerados como bisiestos, pero el 2000 si tenía las condiciones para serlo. Esto se hace para añadir mayor exactitud a la duración astronómica de los años.


El calendario juliano empezó a aplicarse por Julio César en el año 46 a. C. El sucesor del calendario juliano, el gregoriano, también incluyó los años bisiestos, uno cada cuatro años.


En Irlanda se premia con 70 libras a los bebes que nacen en año bisiesto, además existe la tradición de que las mujeres pueden pedirle matrimonio a los hombres en esta fecha.

viernes, 8 de enero de 2016

¿Por qué nuestro intestino es nuestro segundo cerebro?



Muchos científicos se refieren al intestino como "segundo cerebro" o "cerebro intestinal" debido a que la estructura de las neuronas digestivas es totalmente idéntica a la estructura de las neuronas cerebrales y tienen la capacidad de liberar los mismos neurotransmisores, hormonas y sustancias químicas como, por ejemplo, la serotonina (la famosa hormona de la felicidad y el bienestar) como respuesta a una alimentación y digestión sanas. Hay que saber que la serotonina no se produce sólo en el cerebro sino que, por el contrario, la mayor parte de ella (90%) se libera en el intestino.

Síntomas como: acidez, ardor, reflujo, hinchazón, demasiados gases o irregularidad del tránsito intestinal son un aviso de que algo anda mal. Si nos alimentamos adecuadamente con un aporte proporcional de todos los nutrientes, el sistema digestivo nos responde y nos lo agradece con una sensación de bienestar, dándonos un buen suministro de energía, vitalidad y optimismo. 


Fuente: http://crecejoven.com/salud--irina-matveikovaIrina Matveikova licenciada en Medicina, con especialidad en Endocrinología y Nutrición Clínica por la Universidad Estatal de Medicina de Minsk (Bielorrusia).